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¡Mamáaaaa no puedo dormir!

Los niños sólo tienen pesadillas de vez en cuando, y es algo normal que no debe preocupar; lo único que hace falta en estos casos es que los padres los tranquilicen y les den la seguridad que necesitan.

Texto: Iranela Sánchez

 

No se sabe con seguridad cuándo empiezan a soñar los niños, pero incluso los más pequeños pueden hablar de haber tenido sueños, tanto sueños agradables como sueños en los que han sentido miedo. Mientras que casi todos los niños tienen de vez en cuando sueños que les asustan o les inquietan, las pesadillas se presentan con mayor frecuencia durante los años de la etapa preescolar, una época en la que es común el miedo a la oscuridad. Pero los niños de mayor edad (e incluso los adultos) también tienen pesadillas de vez en cuando.

Las pesadillas no pueden evitarse totalmente, pero los padres pueden contribuir a que sus hijos tengan un sueño apacible. Si usted calma a su hijo y lo consuela cuando se despierta por una pesadilla, podrá ayudarle a que recupere enseguida su tranquilidad.

Ayudar a sus hijos a superar estos miedos infantiles tan comunes también contribuirá a que adquieran los recursos necesarios para enfrentarse a cualquier otra circunstancia que pueda causarles miedo más adelante en su vida.

Cuando los niños se despiertan por una pesadilla, las imágenes del sueño aún están frescas y pueden parecer reales. Así que es natural que se sientan asustados y alterados y que llamen a sus padres para que los consuelen.

En la etapa preescolar, los niños empiezan a entender que una pesadilla es sólo un sueño, y que lo que estaba ocurriendo en el sueño no es real y no puede hacerles daño. Pero saber eso no evita que sientan miedo cuando se despiertan en medio de una pesadilla, y pueden necesitar que usted los tranquilice y los consuele.

¿Qué provoca las pesadillas?

La mayoría de las pesadillas ocurren sin que haya una razón aparente. Otras veces se producen cuando un niño está experimentado algún tipo de estrés o un cambio. Los acontecimientos o situaciones que pueden ser inquietantes para ellos -como una mudanza, asistir a una nueva escuela, el nacimiento de un hermano o las tensiones familiares- pueden también reflejarse en sueños que les perturben.

Algunas pesadillas se producen como parte de la reacción de un niño a una situación traumática, como una catástrofe natural, un accidente o algún tipo de lesión. Para algunos niños, especialmente para aquellos que tienen mucha imaginación, leer cuentos o ver películas o programas de televisión que les den miedo justo antes de irse a la cama puede provocarles pesadillas.

Los más pequeños pueden tener pesadillas en las que les parezca que alguien va a tragárselos, estén perdidos, los persigan o los castiguen. A veces una pesadilla contiene fragmentos reconocibles de los sucesos y las experiencias del día, pero distorsionados de algún modo que pueda causarles miedo. Es posible que los niños no recuerden todos los detalles, pero pueden recordar algunas de las imágenes, personajes o situaciones, y las partes en las que han sentido miedo.

Qué hacer cuando su hijo tiene una pesadilla

Para ayudar a su hijo cuando tenga tiene una pesadilla puede hacer lo siguiente:

  1. Tranquilice a su hijo haciéndole sentir que usted está allí. Su presencia, si usted se muestra tranquilo, ayuda a su hijo a sentirse seguro y protegido cuando se despierta con miedo. Saber que usted está allí le refuerza su sentimiento de seguridad.
  2. Explíquele lo que ha ocurrido. Hable con su hijo para que comprenda que ha tenido una pesadilla y que ahora ya se ha acabado. Puede decirle algo así: “Has tenido una pesadilla, pero ahora estás despierto y ya ves que todo está bien”. Tranquilice a su hijo explicándole que lo que ocurría en la pesadilla no sucede en el mundo real.
  3. Ofrézcale consuelo. Muestre a su hijo que entiende que esté asustado y que tener miedo está bien. Recuérdele que todo el mundo sueña y que a veces los sueños nos asustan y nos intranquilizan, y que pueden parecer muy reales, por lo que es natural sentir miedo.
  4. Haga su propia magia. Con los niños en edad preescolar y con los pequeños que ya empiezan a ir a la escuela y tienen una imaginación muy vívida, los poderes mágicos de su amor y protección pueden hacer maravillas. Por ejemplo, puede hacer ver que los monstruos desaparecen con una dosis de un supuesto spray especial para eliminar monstruos. Luego abra el armario y mire debajo de la cama para tranquilizar a su hijo demostrándole que no hay nadie y todo está en orden.
  5. Dejar una luz. Dejar encendida la luz de una lamparilla o la del pasillo puede ayudar a que los niños se sientan seguros en una habitación a oscuras cuando se van a dormir. Una linterna en la mesita de noche podría ser un buen instrumento para hacer que desaparezcan las pesadillas.
  6. Ayude a su hijo para que pueda volver a dormirse. Si ofrece a su hijo cariño y consuelo, le ayudará a que su estado de ánimo cambie. Para que pueda conciliar el sueño de nuevo, pruebe lo siguiente: acercarle su peluche favorito para que lo abrace, taparlo con una manta, colocarle una almohada, encender una lamparita y poner una música suave. También pueden hablar un rato con él sobre los sueños bonitos que a su hijo le gustaría tener. Y, para terminar, podría darle a su hijo un beso y después salir despacito de la habitación.
  7. Escúchelo con interés. No es necesario hablar demasiado sobre la pesadilla a altas horas de la noche; bastará con que ayude a su hijo para que se sienta tranquilo, seguro y protegido, y así pueda volver a dormirse. Pero es posible que, por la mañana, su hijo quiera contarle con mayor detalle la pesadilla de la noche anterior. Al hablar de la pesadilla a la luz del día -incluso podría dibujar el sueño o escribirlo- muchas de las imágenes angustiosas pierden su poder. Su hijo podría también jugar a inventar un nuevo final (algo que le guste más) para el sueño.

Cabe destacar que, la mayoría de los niños sólo tienen pesadillas de vez en cuando, y es algo normal que no debe preocupar; lo único que hace falta en estos casos es que los padres los tranquilicen y les den la seguridad que necesitan. Si las pesadillas impiden que su hijo duerma suficiente o si están acompañadas de otros problemas emocionales o de comportamiento, coméntelo con su pediatra.

Y tú, ¿cómo manejas las pesadillas de tus hijos?

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