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¡Me separé! ¿Cómo no afectar a mi hijo?

Muchas madres pasan por una separación, un divorcio… situaciones muy difíciles de digerir y sobrepasar, aún más cuando existen hijos. Sin embargo, existe una luz al final del túnel y te enseñamos cómo llegar a ella.

 

Texto: Iranela Sánchez

 

Lidiar con una separación no es tarea fácil, pero cuando tenemos hijos en común, debemos -por todos los medios posibles- separar la mujer de la mamá, pues debemos proponernos velar por el bienestar de los pequeños. ¿Cómo puedes lograrlo? A continuación, te revelamos diez fórmulas para lograrlo. Estas reglas no solamente ayudarán a tus hijos, sino que también te ayudará a ti.

  1. Dale a tu hijo el regalo de no tener que escoger entre sus padres.

Pedirles a los niños que se separen de familiares agrava la pérdida que crea el divorcio. Permitirles que mantengan acceso regular a ambos grupos de abuelos, tíos, tías, primos, etc., puede contribuir a la autoestima del niño, así como a su sentido de seguridad y pertenencia.

Cuando los niños vuelven de una visita, ya sea con el otro padre o con parientes, evita las preguntas competitivas. Cada uno tiene algo diferente que ofrecer y los niños necesitan de todo eso. Ellos necesitan al padre que tiene más dinero, así como al padre que le puede ofrecer más amor. Ellos necesitan al padre que es mejor ayudando con la tarea, así como al que prepara los mejores espaguetis con albóndigas.

Pedirle a un niño que elija a un padre por sobre el otro, ya sea de manera explícita o a través de mensajes sutiles, puede generar ansiedad y culpa. El no saber a quién elegir crea ansiedad. Y también miedo a la represalia por parte del padre despreciado. En ese escenario todos pierden.

  1. Abstente de hablar mal de tu ex frente a tu hijo.

Es tentador. Tu matrimonio no funcionó como querías. Puede ser que te sientas dañado/a, decepcionado/a y enojado/a. Pero recuerda, tú eres el adulto. Los niños necesitan respetar a sus padres. Los ayuda a respetar a la autoridad en general, y a desarrollar auto-respeto. Cuando eres crítico con tu excónyuge, le estás enseñando a tu hijo a ser crítico y juicioso. Incluso si los comentarios sarcásticos, amargos y dañinos eran una marca en tu matrimonio, deshazte de ellos en tu realidad post-divorcio.

Incluso si tu cónyuge te habla mal, no respondas. Eso solamente baja el nivel de respeto de tu hijo por ti. Puede ser que sientas que si no te “defiendes” tu hijo va a pensar peor de ti. Pero en realidad, son las peleas continuas las que erosionan el respeto que tu hijo siente por ti.

  1. Evítale los detalles a tu hijo

Compartir demasiada información sobre cuán difícil se ha tornado la vida, solamente confunde y agobia al niño. Darle a tu niño demasiada información puede ser una sutil manera (o no tan sutil) de pedirles ayuda. En vez de entrar en detalles sobre la poca cantidad de dinero que hay en tu cuenta, apégate a un simple “ahora tenemos que ser inteligentes sobre cómo gastamos nuestro dinero”. En tu rol de adulto, tendrás que encontrar la mejor manera de pagar las cuentas. Incluso si eso significa empezar a trabajar, tomar un préstamo, o pedirle a alguien que te ayude financieramente hasta que puedas hacer los cambios necesarios. Esa no es la responsabilidad de tu hijo.

Recuerda que todos los cambios y temas que te están dando problemas probablemente también les están dando problemas a ellos. Si les haces sentir que tú no eres capaz de manejarlos, ellos pierden su sentido de seguridad. Ellos necesitan que estés ahí para ellos; no los hagas sentir que, además de todo lo que están atravesando, ellos son los que tienen que estar ahí para los adultos en sus vidas.

Toma precauciones y cuando llames a tu abogado o a algún amigo para desahogarte sobre tu ex, hazlo en un momento y en un lugar en el que tus hijos no puedan escuchar.

  1. No hagas de tu hijo el mensajero

Hay muchos medios de comunicación para exparejas. Algunos eligen hablar por teléfono, otros por mensajes de texto o email, y también hay quienes se comunican a través de sus abogados. Todas estas formas funcionan. Pero utilizar a los niños como el “cartero” entre los dos padres no funciona. Tu trabajo es proteger a tu hijo, no colocarlo en la mitad de dos bandos en conflicto.

  1. Deja ir a tu cónyuge anterior

Parece ser tan obvio. Te divorciaste. El matrimonio se acabó. Algunas personas que no pueden vivir juntas en amor tratan de continuar la relación a través del odio. Uno de ustedes, o ambos, han renunciado al matrimonio. Si tú sientes que no has tenido opción en la decisión del divorcio, pregúntate una cosa: “¿realmente quieres estar en una relación con alguien que no te aprecia ni valora?”. Mientras antes asumas que la relación se terminó, antes podrás deshacerte de la necesidad de sufrir. Algunas personas erróneamente creen que, si sufren lo suficiente, su ex volverá (y los salvará). Es una dolorosa fantasía. E incluso si tu ex volviera, esa no es la base apropiada para una relación sana.

  1. Define los límites y las expectativas para tu hijo

Coloca límites de comportamiento sanos en tu hogar. Si no estás seguro de cómo deberían ser estos límites en tu caso particular, busca ayuda de alguien que sea una autoridad competente en la crianza de niños. No tengas miedo de que, si pones límites, el niño preferirá estar en la casa de tu ex. Algunos niños son expertos en poner a un padre en contra del otro. No seas la víctima del juego. Comparte tus expectativas con tu hijo sobre la hora en que debe levantarse, ir al colegio, tareas, trabajos hogareños, hora de dormir. Y haz que tus expectativas sean claras y razonables.

Las reglas en tu casa pueden ser diferentes de las que hay en la casa de tu ex. Eso está bien. “Así es como tu Mamá/Papá decide hacer las cosas. Aquí hacemos diferente”. Si tú estás cómodo con las reglas que estás marcando, aumentas la posibilidad de que tu hijo también lo esté. Explícale que tú estás interesado en lo que es bueno para él, y que solamente haces esto porque te importa su bienestar.

  1. Mantén las líneas de comunicación abiertas para tus hijos.

Debes escuchar. No juzgues a tu hijo ni le digas cómo tiene que sentirse. Valida lo que siente ahora, mientras le explicas que puede que no siempre se sienta así. El tiempo cambia las cosas. Deja que tu hijo sepa que siempre estás ahí para él. No hagas preguntas que requerirán que tu hijo apunte con el dedo a tu cónyuge anterior. Pregúntale a tu hijo si prefiere hablar de esas dificultades con algún adulto imparcial, como un terapeuta o un amigo adulto de la familia.

Muchas veces cuando un matrimonio se desintegra, los niños desarrollan la creencia de que si tan sólo ellos pudieran ser “buenos”, entonces sus padres se quedarían juntos. Para aquellos niños, el fracaso del matrimonio es una confirmación de que ellos no fueron lo suficientemente “buenos”. Comunícale a tu hijo que el divorcio no fue su culpa. Incluso si tu hijo dice que nunca pensó que lo fuera, será tranquilizador para él escuchar que tú no piensas eso.

  1. Conviértete en una mejor persona

Elige proactivamente quién quieres ser después del divorcio. Fija metas a corto, mediano y largo plazo para ti mismo y para tu familia. El divorcio crea la posibilidad de un nuevo comienzo. Deja atrás el pasado, y termina con las culpas y las quejas. Se acabó. Sólo el “hoy” es significativo. Decide quién quieres ser, empezando hoy. ¿Qué necesitas para llegar allá?

Consigue un terapeuta o un psicólogo para no caer en la tentación de que tus hijos llenen ese cargo. Un buen especialista puede ayudarte a procesar lo que ha pasado en tu matrimonio y después de el. El divorcio es una pérdida que tiene que ser llorada. Respeta el hecho de que tu pérdida es diferente a la de tus hijos. Sé un ejemplo de que está bien pedir ayuda para hablar sobre los problemas.

Ser una mejor persona significa dejar de lado la competencia. El juego competitivo es uno en el que todos pierden. Lo que quedará grabado en la memoria de tus hijos para siempre no será quién les trajo más juguetes, sino quién tenía los valores que ellos podían respetar. Preocúpate sobre ellos lo suficiente como para guiarlos en un camino de éxito en la vida

  1. Crea seguridad

Independientemente de cuán seguido veas a tus hijos, haz de tu hogar un lugar seguro. Tu casa debe ser un lugar donde los niños son respetados, cuidados, donde se les demuestra amor y aceptación, y se les enseña responsabilidad. No importa lo que pasa en la casa de tu ex. De hecho, si sientes que no hay una sensación de seguridad en la casa de tu ex, la seguridad que tú generes será mucho más importante.

Sé responsable. Está ahí cuando dices que vas a estar allí, para no deteriorar la confianza de tus hijos.

  1. Enséñales a resistir

La capacidad de resistencia es uno de los regalos más valiosos que un padre le puede dar a un hijo. Muéstrale a tu hijo que incluso cuando las cosas se ponen difíciles, tú y tu hijo pueden sobrepasar las dificultades sin desmoronarse. Enséñale a tu hijo que todo pasa por una razón. Como dice el dicho “no hay mal que por bien no venga”. Desarrolla tu capacidad y la de ellos de ver el lado positivo de las cosas en todo lo que pasa. Debes creer que esta experiencia, al igual que cualquier prueba, es una oportunidad de crecimiento. Muéstrale con tu ejemplo cómo transformar un tiempo difícil en una herramienta de avance en vez de un obstáculo.

Ya lo sabes querida Super Mamá, la vida nos pone pruebas difíciles, pero los problemas de los adultos no deben sentirlo nuestros hijos. ¡Miremos hacia adelante con fe y determinación!

 

Y tú, ¿has pasado por una situación parecida? Cuéntanos tu testimonio.

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% Comentarios (2)

Hola Súper Mamás. La verdad no pase por un divorcio pero desde antes que el mi hijo naciera me separe de él , fue una situación bien difícil porque no estuvo presente en. Ninguna etapa … Era difícil para mi el solo hacerme la idea de volver a verlo … Estaba llena de ira pero luego comprendí gracias a Dios que mis sentimientos no debo transmitírselos a mi bebé y más si son negativos … Hoy día permitió que mi bebé se relacione con su papá y para ser sincera no me afecta porque se estableció un límite. Saludos Dios lana bendiga

Hola querida Katerine
Felicitaciones por ese gran paso. Con el tiempo se sanan las heridas y cuando existen hijos debemos separar la mujer de la madre.
Después comprendemos que las cosas pasan por algo.
Gracias por compartir tu testimonio.
Un fuerte abrazo.

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