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El huevo: mitos y realidades de un alimento nutritivo

El huevo ha sido a lo largo de la historia uno de los alimentos más consumidos por el ser humano. Su consumo empezó justamente con la crianza de las primeras aves de granja en algunas zonas de la India y del sudeste asiático hacia el año 3.000 a.C.

 

En plena época romana se convirtió también en un alimento muy preciado ya que se utilizaba en multitud de aperitivos y en la Edad Media incluso llegó a convertirse en uno de los mejores trueques a la hora de intercambiar cualquier mercancía. Su repercusión en esta época fue tal, que incluso muchos pintores como Leonardo Da Vinci, usaban la yema de huevo para pintar sus obras.

 

Ahora que ya hemos conocido un poco de la historia del reconocido alimento más completo, a continuación, vamos a ahondar en algunos mitos que existen alrededor de este alimento. Toma nota querida Super Mamá:

 

  • No eleva el riesgo cardiovascular: Sí. El huevo tiene colesterol entre sus componentes (200 mg/unidad), pero éste -en dosis justas- es necesario para la vida. La creencia de que el colesterol de la dieta era la causa del incremento del colesterol en sangre originó recomendaciones generalizadas sobre la reducción del consumo de huevos. Por ello, si eres una persona sana puedes comer cinco huevos por semana mientras que si tienes el colesterol elevado son tres huevos por semana.
  • Previene la arterioesclerosis: El consumo de huevos no eleva el riesgo cardiovascular en personas sanas, puesto que aporta vitaminas y antioxidantes que previenen la arterioesclerosis.
  • Solo tiene 80 calorías: También muchas dietas de adelgazamiento prohibían su consumo argumentando que era rico en calorías. Sin embargo, un huevo mediano sólo tiene 80 calorías. Es decir, las mismas que un yogur natural completo.
  • Es saciante: Gracias a su riqueza en proteínas (7,5 g/unidad). Así lo afirman diferentes estudios, entre ellos uno de la Universidad de Missouri (2013), que ha determinado que comer huevos tiene un efecto saciante y ayuda a regular las señales cerebrales de la saciedad.
  • ¿Es indigesto?: La digestibilidad del huevo no depende tanto de él como de la tolerancia de cada persona y de la forma de cocinarlo. Por ejemplo, el huevo duro es el que peor se tolera, ya que la yema, la parte que concentra las grasas, está coagulada y entonces es más lenta la acción de las lipasas, las enzimas que contribuyen a la digestión de las grasas.
  • No absorbe todo el aceite: Respecto a las grasas, el huevo frito contiene algo más que el crudo o cocido, aunque no tanto como se cree, ya que su capacidad para absorber el aceite es limitada y no depende de la cantidad empleada.
  • No se puede comer durante el embarazo: Debemos incluirlo por su calidad nutricional. Solo debe estar bien cocinado para evitar la salmonelosis.

 

¿Cómo sacarle todo el partido?

La mejor hora para tomarlo es en el desayuno. Te permitirá controlar el apetito durante todo el día y tendrás menos sensación de hambre entre las comidas.

Así que ya lo sabes Super Mamá, borra todos aquellos mitos que circulan alrededor de este alimento y, siéntete segura eligiéndolos en las rutinas alimenticias de tus hijos. Es más, prefiere Melo, tus mejores aliados para que los tuyos crezcan sanos y fuertes.

Brown eggs

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